Aumento del consumo, o como (sobre)vivir en este país el día a día

Por Eliana Scialabba

Directora Ejecutiva CEEAXXI.


El año finalizará con una inflación rozando (sino superando) los tres dígitos, y esto trae aparejadas consecuencias que modifican la toma de decisiones de cada uno de los actores económicos. No obstante, los habitantes de este país estamos más que (lamentablemente) acostumbrados a adaptarnos a este tipo de situaciones, dado que los desequilibrios macroeconómicos son recurrentes y cada vez más persistentes, por no decir crónicos.


En este contexto, se observa una aceleración del consumo, que desde el gobierno lo ven como una señal positiva, dado que tienden a asociarlo con la tracción de la actividad económica. Sin embargo, podemos tener una visión bastante más pesimista, y aproximada a la realidad, y es que la gente adelanta sus compras por la acelerada pérdida de poder de compra de sus ingresos.


Por lo general, existen tres grandes grupos de consumidores, los gastadores y los ahorradores, y un tercero que oscila entre ambas, y su ubicación en una u otra categoría obedece a varias variables, tales como los gustos de las personas, la valoración subjetiva del presente y el futuro y el nivel de ingresos, entre otras.

Si bien las dos primeras variables son bastante más difíciles de aproximar, el nivel de ingreso nos dará una pauta que los hogares de menores ingresos entrarán en la categoría de gastadores, debido a que (casi) todo su ingreso se destina a las compras de subsistencia, cuando no gastan por encima y cuentan con cuantiosas deudas; mientras que los ahorradores son los que se ubican en el otro extremo, familias de altos ingresos, con necesidades cubiertas y resto para ahorrar y trasladar consumo a los períodos futuros.


No obstante, el tercer grupo, en el que ubicamos a la gran “clase media”, se encuentra continuamente pendulando entre los dos primeros. En este momento, con la aceleración inflacionaria, especialmente en los principales rubros que consumen los hogares como alimentos y bebidas, que ocupan casi un tercio del gasto total, podemos aproximarlo mucho más a los gastadores que a los ahorradores, debido a las escasas posibilidades de obtener rendimientos reales fruto de la colocación de activos.

Los programas de Ahora 6, 12 y 18, y, el recientemente estrenado, 30, van en línea a reforzar esta tendencia de tasas reales negativas, lo que incrementa el consumo presente en detrimento del futuro. Asimismo, en numerosas ocasiones, los hogares no cuentan con educación financiera que les permita hacer rendir sus (si logran obtener) magros ahorros, por lo que una estrategia de lo más racional es incrementar el consumo de bienes durables y no durables stockeables. De esta manera, además de proteger sus ingresos, se quitan de encima los pesos, cuyo valor no cesa de caer día a día.


El principal problema de esta conducta es que si bien, protege en el muy corto plazo a los consumidores, desprenderse tan rápidamente del dinero acelera su velocidad de circulación, y por lo tanto, se desploma su demanda, en un escenario de creciente emisión monetaria, lo que retroalimenta las presiones inflacionarias.

Este escenario torna cada vez más complejo el panorama, teniendo en cuenta que el próximo año hay elecciones presidenciales, lo que llevará al gobierno a “sacarle humo” a la máquina de imprimir billetes para continuar con su habitual estrategia de clientelismo político.


Es por lo mencionado previamente que se estima una suba en el consumo para lo que resta del año, y posiblemente buena parte del próximo, sin una mejora considerable del nivel de actividad y empleo, dado que la oferta se encuentra llevando al mercado lo menos posible (a la vista está cuando vamos a realizar las compras, cada vez más góndolas vacías). De esta forma, con una inflación al alza, y un nivel de empleo que se mantiene estable debido a las regulaciones del mercado de trabajo, el ajuste será por poder de compra.


Sin lugar a duda, el año próximo la inflación superará los tres dígitos, aunque es difícil calcular hasta donde escalará, debido a que no sabemos qué ocurrirá con la demanda de dinero, si nos llevará a una inflación alta y crónica, o si puede desencadenar en una hiperinflación.


De lo que no queda duda, es que este resultado macroeconómico afectará al resultado de las elecciones del año próximo, debido a que aproximadamente el tercio de la población que podemos llamar “clase media” no va a las urnas (en mayor medida) con posturas ideológicas, sino más bien que vota con el bolsillo.


Esta aceleración del consumo en el corto plazo no es ninguna señal alentadora, es un signo de agotamiento total, y esto nos definirá el rumbo económico del país a partir del próximo año. Mientras tanto, ante la imposibilidad de proteger el valor de los ingresos con activos financieros, adquirir bienes sigue siendo la mejor opción.


Desafío Exportar | Noviembre 2022


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