La bomba monetaria que deberá desactivar el equipo económico de Sergio Massa

Actualizado: 4 ago

Por Eliana Scialabba, Directora Ejecutiva del CEEAXXI


La dinámica monetaria se encuentra cada vez más cerca del desborde y a punto de explotar. El creciente stock de pasivos del Banco Central, tanto no remunerados (base monetaria) como remunerados (Leliqs y Pases), muestra las tendencias inflacionistas para los próximos meses, tendencias muy delicadas en materia de precios que el flamante ministro de Economía, Sergio Massa, deberá atender de forma urgente.


De acuerdo con información del BCRA, la base monetaria se incrementó en julio $ 335.078 millones, representando una suba de 52% respecto al mismo mes del año anterior y un 8.4% respecto a junio, totalizando un stock de $ 4.316.990 millones. Estos números por sí solos no dicen mucho, pero si lo comparamos con el stock al inicio de la gestión de Alberto Fernández, este ascendía a $ 1.734.073 millones, lo que implica que la base monetaria neta de esterilización ascendió un 149% desde diciembre de 2019.


Si se analiza la inflación acumulada durante ese mismo período, esta asciende a 176%. La diferencia entre ambos guarismos se debe al rezago de la política monetaria, y a otras operaciones monetarias como la esterilización llevada a cabo por el Central.

Esto nos lleva a tener que ver qué ocurrió con los pasivos remunerados, es decir los instrumentos que utiliza el BCRA para esterilizar el exceso de emisión, principalmente Leliqs y Pases. A finales de julio la deuda de la autoridad monetaria ascendía a $ 6.720.896 millones, con una suba marginal de $ 785 millones respecto al mes anterior, pero con un incremento del 72% respecto al año anterior.



Nuevamente, para pasar de la foto a la película, basta mencionar que en diciembre de 2019 el stock de deuda del ente emisor ascendía a $ 1.734.073 millones, lo que implica, nada más y nada menos que una suba acumulada del 479%.


Lo peor de la situación, es que este stock de deuda esconde varias cosas: en primer lugar, constituye un déficit público financiado con emisión monetaria, lo que implica que este, a pesar de ser abultadísimo según las estadísticas oficiales del Tesoro, esconde un «rojo» cuasifiscal de más de 6% del PIB, «escondidos» en el balance del BCRA.


Por otra parte, implica inflación reprimida, dado que es base monetaria sacada de circulación, que además paga una tasa de interés por encima del 50%. Si analizamos la relación de evolución de base monetaria e inflación, vemos que hay una estrecha relación. Dicho de otra forma, cuando extrapolamos los pasivos, la inflación adicional desde la asunción de Fernández estaría en torno al 400%, manejando cifras conservadoras.


Además, este dinero fuera de circulación también genera un «cepo» a la demanda de bienes, servicios y divisas. Dado el nivel inflacionario en el que nos encontramos, con los controles de precios en torno al programa de «Precios Cuidados», las tarifas congeladas y la imposibilidad de adquirir divisas que trajo aparejado una grave falta de insumos para la industria, la situación es muy delicada. Si este dinero no estuviera esterilizado generaría más escasez en todos estos mercados, con mayores presiones sobre las cotizaciones de mercados no regulados de bienes y los dólares financieros y blue.




Podríamos seguir enumerando los inconvenientes que genera a la economía tanto el crecimiento de la base monetaria y de los pasivos remunerados, pero con esta lista sucinta podemos hacernos una idea bastante acabada de que si bien la situación es compleja, podría transformarse en catastrófica dependiendo de la política monetaria que el nuevo ministro coordine para el Central.


Por último, con los datos presentados, se puede calcular un indicador que muestra la evolución de los pasivos remunerados en relación a la base monetaria. Vemos que al inicio del mandato de Fernández, la deuda del BCRA se encontraba por debajo del dinero en circulación más las reservas bancarias, alcanzando un valor de 0,67. En junio pasado alcanzó el máximo de 1,69, 2,5 veces por encima del valor al inicio, para estacionarse en julio en 1,56.


Esto muestra un panorama cada vez más complejo en el frente monetario. Sin dudas, junto al paquete de medidas que anuncie Massa, deberían darse cambios de fondo en el manejo del BCRA, que debería adoptar un perfil más ortodoxo, a fin de anclar y alinear las expectativas inflacionarias. Sin este cambio, por más medidas que se propongan, los parches seguirán estirando la agonía de una situación que no parece tener una solución fácil.


El ajuste será duro, pero es necesario, y dado que no hay forma de evitarlo, es mejor que sea realizado de manera planeada y ordenada. De lo contrario, la bomba monetaria terminará explotando y generará mayores efectos negativos en toda la economía.


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