Libre comercio, la clave para integrarnos al mundo

Por Eliana Scialabba & Jeremías Morlandi

Centro de Estudios Económicos ARGENTINA XXI


Argentina cuenta con un gran potencial para desarrollarse, tanto desde el punto de vista productivo, como así también desde los servicios que tiene para ofrecer al mundo. Sin embargo, los políticos, con el afán extractivista de su restricción de presupuesto de horizonte temporal corto, no hacen más que tratar de sacarle lo máximo posible a los sectores generadores de divisas, para mantener una enormidad de sectores y personas improductivas.


En este artículo analizaremos brevemente el rol de la libertad económica en el mundo, como potenciadora del crecimiento del PIB per cápita, y como este a su vez se relaciona con una mayor participación de las exportaciones en el producto nacional. Luego presentaremos una síntesis de la situación del agro y las retenciones a las exportaciones, y los efectos positivos que tendría el aparato productivo dada una quita de estas, para luego enfocarnos en el sector de servicios, donde desarrollaremos sucintamente el potencial de la exportación de turismo y el desarrollo de la economía del conocimiento y la innovación. Por último, presentaremos las consideraciones finales a las que arribamos al finalizar el informe. Libertad económica y comercio en el mundo De acuerdo con Maddison (1994)[1], durante los últimos mil años la población se multiplicó por 22, mientras que el PIB per cápita en torno a 300 veces. Sin embargo, el gran despegue se dio a partir de 1820, y se atribuye a la aceleración de la productividad, como consecuencia del progreso tecnológico, como así también a la acumulación de capital físico y humano. Sin embargo, también han sido importantes los cambios en las relaciones entre los países en torno al intercambio de bienes y servicios, dado que en torno a 1850 se removieron los aranceles y se liberó la navegación, y recién se volvió al proteccionismo durante las Guerras Mundiales. Hoy en día, nuevamente el mundo se ha cerrado de manera parcial, no obstante, es un mundo mucho más abierto que el previo a hace un siglo y medio. Existen muchos mitos creados y repetidos en contra del libre comercio. No obstante, cuando analizamos la dinámica productiva y comercial de los países que más crecen, notamos que es indispensable para el crecimiento del aparato productivo la firma de Tratados de Libre Comercio (TLC) con las regiones más dinámicas del mundo. Esto permitirá que la producción interna se coloque en mercados externos, y también nos proveerá de bienes exportados con menores precios que los internos, ayudando a estabilizar el nivel de precios. Los detractores del libre comercio afirman que esos tratados destruyen las economías de los países periféricos que los firman. No obstante, podemos observar que, en el caso de Indonesia, que cerró un TLC en 2010, un año antes del acuerdo, cerró el 2009 con un PIB de 538 mil millones de dólares. En 2018 el PIB ascendía a 1,02 billones de dólares. Lejos de ver arruinada su economía, su PIB per cápita aumentó en esos años 57%. Otro caso es el de Singapur, que ha firmado varios tratados, cerraba el 2009 con un PIB de 192 mil millones de dólares, en 2021, tenía un PIB de 390 mil millones y un PIB per cápita un 65% superior. En América Latina, Chile ha firmado TLC y su PII se multiplicó por más de 2 veces entre 2006 y 2019. Asimismo, a partir de una muestra de 36 países del mundo para 2021, se observa en el gráfico que existe una relación positiva entre en PIB per cápita y la libertad económica, como así también con la participación de las exportaciones en el PIB.


Por un lado, los países con mayor PIB per cápita son aquellos con mayor libertad económica, lo que además de libre comercio incluye otros indicadores como menores niveles de burocracia, tamaño del Estado, impuestos y regulaciones y mayor independencia de poderes y de instituciones autárquicas, entre otros. Por otra parte, los países que más exportan respecto a su PIB total son aquellos que además cuentan con un mayor PIB per cápita. De esta manera, podemos ver a los países que se encuentran en el extremo derecho, como aquellos que se hallan en un circulo virtuoso de libertad económica, intercambio con el mundo y crecimiento, mientras que otros, entre los que se encuentra Argentina, se ubican en el extremo izquierdo, y lo que aquí se desarrolla es todo lo contrario, un circulo vicioso.

Agro: restricciones a las exportaciones y potencialidades del sector Argentina ostenta un lugar entre el club de países que cobra retenciones a las exportaciones, acompañando a Indonesia, Rusia, Irán y Tanzania, entre otros. Habría que preguntarse cuántos de estos países se la pasan hablando sobre fomentar las exportaciones. La agroindustria siempre fue la variable de ajuste desde finales del siglo XIX. Siempre fue la caja a la que se acudió para salir de apuros en la recaudación o cuando se intentaba proteger a un sector para sustituir importaciones. Sólo el gobierno de Carlos Menem y Domingo Cavallo eliminó casi totalmente estos aranceles, que fueron restaurados en el año 2002. Desde ese momento hasta finales del 2021, el Estado le retuvo al agro argentino 76 mil millones de dólares. Es decir, casi 11 millones de dólares por día. Tener retenciones o no, no es algo neutral. Eliminar las retenciones eleva la rentabilidad del sector. Por supuesto no se puede pensar que esta suba en la rentabilidad no tendría su correlato en la producción. Si el incremento de la producción de soja eliminando las retenciones fuera similar al evidenciado cuando se eliminaron las retenciones al maíz y al trigo a finales de 2015, la producción subiría de 45 millones de toneladas en 2021 a 79,8 millones de toneladas. A precios actuales, es un incremento en divisas liquidadas extra de 20 mil millones de dólares. Servicios: turismo, economía del conocimiento e innovación Construir un país verdaderamente federal requiere que todo el territorio esté conectado y que existan infraestructura y recursos modernos y competitivos. Desgraciadamente, como ocurre en otras actividades, Argentina frena a esta actividad, con impuestos y regulaciones que no le permiten alcanzar su potencial. Si bien la exportación de servicios turísticos abre varias aristas, es imperativo iniciar con una política de “cielos abiertos”, que implique una decisión de Estado de permitir una liberación total del transporte aéreo. Dichos convenios permiten que los derechos de tráfico aéreo entre países firmantes cuenten con un servicio sin restricciones de las aerolíneas en ambos lados, por lo que resulta inviable pretender impulsar esta actividad si el Estado inclina la balanza a favor de uno de los jugadores, tal como el caso de Aerolíneas Argentinas, que en 2019 generó un déficit de 1.500 millones de dólares. En tanto, en la economía del conocimiento, la clave está en utilizar la información para la generación de valor y riqueza transformándola en conocimiento. La información sola no vale nada, solo cuando esta se integra en un conocimiento aparece el valor. Y en un mundo tan dinámico y cambiante, estos sectores son las primeras líneas de generación del valor. De acuerdo con cifras del Ministerio de Producción, los servicios basados en conocimiento concentran el 12% de las empresas del país (más de 73.000) y el 13% del empleo registrado privado (más de 860.000 trabajadores). Además, es el cuarto complejo exportador (6.900 millones de dólares en 2018); mientras que la industria aeroespacial genera 3.400 puestos de trabajo, la industria 4.0 que se basa en la incorporación de nuevas tecnologías como robótica avanzada, inteligencia artificial, big data, internet de las cosas (IoT) e impresión 3D generó en 2018 más de 230.000 empleos directos y 520.000 empleos indirectos. Luego de la pandemia del Covid19, y la proliferación de trabajo remoto, estos valores se han disparado, sin embargo, no podemos contabilizarlos dado que parte importante de los mismos se encuentran fuera del servicio formal, dadas las restricciones impuestas por el gobierno. Conclusión Cerrar las economías no beneficia a la población. Hay sobrados ejemplos a lo largo de la historia, siendo Argentina uno de ellos. Por supuesto que se deben avanzar en paralelo con reformas que les permitan a los productores locales competir, como bajar drásticamente los impuestos, reformar las leyes laborales arcaicas y dotar al país de reglas de juego claras. Sin embargo, no fomentar el libre comercio, sólo lleva a más pobreza, más decadencia, menos innovación y menos progreso. Abrir las economías es importar conocimiento, lo que potencia al capital humano, factor clave para crecer en el largo plazo. Se debe avanzar sin ideologías en el comercio, dado que la población crece, y necesita cada vez más alimentos, mientras que la velocidad de digitalización de la economía avanza a pasos agigantados, y con ella la demanda de servicios basados en el conocimiento, reforzando el potencial exportador. [1] Madisson, A., (1994), “Economic Growth and Standards of Living in the Twentieth Century”


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