Revolución de Mayo: La verdadera historia del origen de Argentina

Fue una revolución militar, religiosa, aristocrática, de señores, y con una inclinación monárquica. No fue contra el orden establecido, ni tampoco fue republicana. La importancia de desmitificar la historia.


Por Eliseo Bottini


La exposición del marxista italiano Antonio Gramsci en los años veinte sobre que la izquierda debía infiltrarse en las instituciones educativas, nunca está demás recordarla. Principalmente por el hecho de que dicha estrategia funcionó. Con la lectura izquierdista de que la cultura se puede cooptar se desprende la idea del “constructivismo social”. La noción que subyace de fondo es que la cultura es maleable, de manera tal que controlar la cultura es controlar las mentes.


Argentina es presa de esta maligna concepción. Si la pobreza tocó un piso histórico en los años 90 no importa, la cultura se encargará de borrar eso y ubicar a Carlos Menem como un enemigo de los pobres y convertir dicho período (el menemismo) en mala palabra. Si durante la década de 1930, Argentina siguió siendo potencia y fue uno de los países que más rápido se recuperó de la Gran Depresión, pues tampoco importa, la cultura se encargará de imponer una audaz etiqueta, la de “Década Infame”, para convertir a esos años en tiempos oscuros y esclavistas solo mejorados por un redentor democrático llamado Juan Domingo Perón. Si consiguieron que una persona tenga derecho a creerse un perro, ¿cómo no iban a lograr cambiar la historia?


Es por eso que el 25 de mayo de 1810 debe re-leerse. Eso implica contradecir lo que la izquierda nos ha vendido, por ejemplo, de que la nuestra fue una revolución de carácter jacobino, igualitario y democrático. Y que el alma de aquella Primera Junta era Mariano Moreno. Demasiada falsedad junta.


Los hechos


Los criollos del Río de la Plata no se levantaron de un día para el otro contra el virrey, ni tampoco acusándolo a éste de explotación. De hecho, una de las mayores gestas criollas en Buenos Aires había tenido lugar unos años antes. En 1806 y 1807, los porteños con escasos armamentos se encargaron de reconquistar la ciudad y el puerto contra las invasiones inglesas, y quien comandó la famosa reconquista fue glorificado en un Cabildo Abierto y declarado Virrey.


El hecho de nombrar a un Virrey (aunque luego recibió el aval del rey español Carlos IV), era verdaderamente revolucionario, como bien lo expone el historiador rosarino Pablo Yurman. El elegido Virrey era Santiago de Liniers, un francés católico que había escapado de las persecuciones religiosas ejecutadas por los jacobinos en el período más terrorífico de la Revolución Francesa.


No fue casual que Liniers haya sido ejecutado injustamente por orden de Moreno en 1810, suceso que la izquierda debió justificar con mil artimañas, entre ellas la de que Liniers era un traidor. ¿Cómo va a ser un traidor quien peleó codo a codo con los porteños en las invasiones inglesas mientras Moreno se escondía con su hermano como un cobarde?


Lo cierto es que para mayo de 1810, los porteños ya se creían con autoridad para deliberar quién tenía que gobernar. Deponer al Virrey de entonces, que era Baltasar Hidalgo de Cisneros, no fue más que el mismo acto protocolar que tuvo lugar unos años antes para nombrar a Liniers. Que haya sido un acto protocolar implica que no fue un golpe contra el orden establecido, que no pretendía cambiar el status quo.


No hizo falta que corriera ni una gota de sangre. Fue una conspiración trabajada por las fuerzas militares (al mando de Cornelio Saavedra) y los propietarios más importantes que demandaban ciertas libertades comerciales.


El 22 de mayo votaron y ganó la figura de Saavedra, quien también aseguró que sólo el Cabildo podría ahora deliberar sobre los impuestos y aranceles. También vale aclarar que la votación no hace referencia al pueblo. Días antes fueron convocados, entre las 50 mil almas que habitaban Buenos Aires, apenas 450 hombres para elegir las nuevas autoridades.


De esos 450, solo asistieron 250. Es decir, casi la mitad no estaba muy interesada en los acontecimientos políticos. El sufragio final (si se le puede llamar así) le otorgó 155 votos a Saavedra y 69 al Virrey. Evidentemente no fue ni popular ni democrático aquel evento: fue un acuerdo diplomático entre la aristocracia para oficializar una mayor autonomía.


También tuvo un componente religioso, infaltable en aquellos días. Tal como se evidencia en los clérigos que rodearon la Primera Junta. Uno de los sacerdotes que la integró, el patriota Manuel Alberti, fue el editor de La Gazeta de Buenos Ayres. No, no fue Moreno el creador de La Gazeta, ni siquiera fue redactor.


El 30 de mayo de 1810 los 7 integrantes de la Junta se arrodillaron para celebrar una misa. Le guste o no a la izquierda, la bandera y la cruz están juntas en el origen de nuestra patria. La Revolución de Mayo también fue de inclinación monárquica y bajo ningún aspecto republicana.


¿Por qué monárquica? Pues porque juraron en nombre del rey Fernando VII. Este fue el nombre oficial de la Junta: Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII.


Es cierto que también esto pudo haber sido una “máscara” para hacer una transición más gradual. Pero incluso cuando rechazaron su autoridad recién en 1814, la pretensión fue buscar otro monarca, búsqueda que perduró hasta 1820 cuando los caudillos federales del interior vencieron a Buenos Aires.


Saavedra: el verdadero héroe


Así que sí. Fue una revolución militar, religiosa, aristocrática, de señores, y con una inclinación monárquica. No fue contra el orden establecido, ni tampoco fue republicana. Una vez consumados los hechos, la autoridad pasó a estar en manos de Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, héroe de la reconquista, y el gran gestor de que la Revolución de Mayo sea pacífica. Fue quien puso su vida al servicio de la patria.

Lamentablemente, la historia oficial progresista, eligió olvidarlo. Como también olvidó a aquellos próceres que más hicieron por el origen de nuestra nación. Eligieron reemplazarlos por personajes insignificantes como Mariano Moreno, solo por el hecho de que simpatizaba con las ideas de Maximilien Robespierre. Lo mismo sucedió posteriormente con Julio Argentino Roca, Juan Bautista Alberdi, entre otros que cayeron en la difamación histórica.


¿En cuál de nuestras escuelas se enseña que Saavedra es la gran figura del 25 de mayo y que él salvó dos veces a la Revolución arrojando su espada en el platillo donde estaba la suerte de la patria, una el 1° de enero de 1809 (contra el golpe jacobino de Mariano Moreno) y otra el 22 de mayo de 1810?”, se pregunta el historiador Hugo Wast en su libro Año X.


La respuesta es dolorosa, ya que evidencia el triunfo de la izquierda, incluso en la historia. Es tiempo, empezando por estas líneas, de ir ubicando los hechos en su lugar y evitar que el progresismo siga destruyendo la realidad. En materia de historia, la derecha liberal quizás debe recordar una frase del gran Don Quijote para identificar al enemigo: “los historiadores que de mentiras se valen habían de ser quemados como los que hacen moneda falsa”.


Nota completa en La Derecha Diario

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